El año de la Muerte: La figura de Madre
Cuento II: El mensaje de Los Sueños
Sueño 1: Madre
Cuatro de la mañana. Casi Seis. Dice ella. Acaba de llegar y en el sueño aparecemos en una especie de hostal, de esos de varias camas dispuestas en un salón grande compartido. Madre se ve decaída, vieja, cansada. Admite que bebe (alcohol), admite que sale unas dos veces por semana. Está sentada en una de las camas. Yo estoy parado viéndola, escuchándola. Siendo su testigo.
Entre las camas hay una dispuesta para Padre, que aún no llega.
Ese es el primer sueño. Despierto. Lo escribo de inmediato, como enseña Freud, para que no se olvide.
Vamos al mensaje. Madre nunca bebió y menos nunca la llegué a ver en la vida real decaída, o consumida por el alcohol u otra sustancia. De hecho, ella es y ha sido muy sana. Hasta cuando esto escribo, pese a pasar los 80, se mantiene muy viva, muy sana, corre, baila, hace ejercicio, cero prescriptions, alegre siempre. Hace poco llegó a decirme que pese a todo, a su historia, ella nunca fue triste. No conoció la tristeza, de todo siempre buscó lo que la hiciera feliz.
En el sueño la figura de Madre aparece en un alto contraste con la realidad.
Así podría haber sido Padre, tal vez si hubiese seguido bebiendo. Pero incluso ya en sus últimos años no lo hacía. Incluso dejó de fumar. Claro, terminó abrazando un tanque de oxígeno que se lo llevó en un buen sueño.
Entonces la figura de Padre-Madre imperfectos, trastornados, hiperbolizados, aparece. Quien anda entre hostales soy yo. Esa Madre del sueño soy yo si no doy el siguiente paso.
Dos: La Madre que veo en el sueño es una madre sometida por el abuso de la vida. La de la realidad es una niña feliz de 80 años. La de la realidad es poética.
Alguna vez le pregunté a Madre qué sentía de haber siempre sido la diferente de su familia, pues ella era la morenita con aspecto indio que parecía no pertenecer a las otras cuatro hermanas blancas que tenía. Ella era la segunda hija de Elvira, una abuela desalmada y enferma de atención. De vez en cuando la visitábamos y hasta mi hermana estuvo viviendo un tiempo con ella. Hermana fue objeto de su maltrato y discriminación.
Alguna vez me atreví a preguntarle a Madre si el abuelo Juan, el esposo de Elvira, era su padre. Un viejo taciturno y miedoso sin sonrisa.
Cómo no, si mi sagrada abuela tuvo un amante entre negro e indio. Ja! De ahí mi madre, de ahí yo. Mi padre al verme negrito y a Hermana blanquita como él, pues no nos fue muy bien en la relación. Y aunque me gané unos buenos zopetones, debo admitir que el Viejo nunca tomó por deporte la violencia conmigo. Era suficiente con la que le imponía a madre cuando se emborrachaba.
Madre dijo que a pesar de que yo lo veía así, ella nunca supo lo que es la tristeza. La Vieja.
NC
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